Se persignan los ateos
y blasfeman los beatos,
vibra el alma en su arrebato,
se vuelve loco el solfeo,
el duende no da rodeos,
de repente el tiempo para.
Con ecos de fuente clara
resuenan Cádiz y el mundo,
lo eterno dura un segundo:
canta Cármen de la Jara
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