La vida enciende su cara,
cierra los ojos y siente
que la rodea un torrente
de energía dulce y clara.
Su corazón nunca para,
late, y echa raíces
que la llenan de matices.
Cada latido germina,
y cada ave que trina
le cura sus cicatrices.
Interpretación en verso de la ilustración propuesta por Montemayor Mures Aznar

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