Las ciudades en que amamos
quedan siempre al sur de ayer
cuando invitan a volver
(y pocos volver logramos).
En sus bares retomamos
el recuerdo de los besos
¿Cuántos salimos ilesos
en duelos del desamor?
¿Cómo olvidar el sabor
de los amores expresos?
Las liturgias, los regresos,
corazones trasegados,
los olvidos recordados
liberados tras ser presos...
Cuando faltan los excesos
el volver no es de cobardes.
Ay, muchacha, no te guardes
de venir siempre que quieras,
ahorrémonos las esperas
y vuelve pronto, no tardes.














