Se termina el carnaval,
y nos queda la resaca
la melancolía opaca
que trae cada final.
Uno vuelve a ser normal
y se quita los disfraces
y caen los antifaces
pero nunca caen del todo,
y buscamos siempre el modo
de reír con los secuaces.
Se termina el carnaval
y aunque calle el tres por cuatro
la vida ya es un teatro
un chiste, un musical.
La guasa nos dio el aval,
la risa nos dio coartada
para no dar demasiada
importancia a lo importante,
para seguir dando el cante
sin que nos dé miedo nada



















